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"La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación"
Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política.Levi Strauss
martes, 30 de octubre de 2012
El mapa de la lengua, el quinto sabor y otras cosas que no sabías sobre los sabores
sábado, 25 de agosto de 2012
Mayas habrían utilizado el cacao como condimento hace 2.500 años
Mayas habrían utilizado el cacao como condimento hace 2.500 años
In 9-Prehispánico on agosto 5, 2012 at 01:57viernes, 6 de julio de 2012
¿Por qué comemos de más?
¿Por qué comemos de más?
La facultad de comer en exceso preparaba al humano para los tiempos de escasez.
Si una persona come sola, se llevará a la boca lo justo y necesario. Hagamos una fiesta, y uno pierde el control. Nuestro cuerpo ha evolucionado para ser una máquina perfecta de almacenar nutrientes, lo que era excelente para nuestros antepasados varios miles de años atrás. Hoy en día, en cambio, esa aptitud se ha transformado en el principal problema nutricional que aqueja al mundo: la obesidad.
El ser humano es uno de los animales mejor adaptados a nuestro mundo cambiante. Por ejemplo, somos de los pocos seres vivos que podemos comer de todo. Somos omnívoros de la misma forma que las ratas, los cerdos y las cucarachas, pero al grado que lo somos nosotros, sólo las ratas nos igualan. Comemos músculos, rocas, secreciones glandulares y hongos, o si prefiere, carne, sal, queso y champignones.
Pero del amplio rango que tenemos para elegir entre todas las sustancias que nos resultan alimenticias, vemos que son las sociedades quienes dictan qué se come -y lo que no. Los hindúes detestan la carne vacuna, los musulmanes y judíos la de cerdo, los occidentales en general la de perro, y los europeos la de caballo. Sin embargo, en otras sociedades cada uno de esos tipos de carne no sólo están bien vistas, sino que se consideran verdaderos manjares.
Como vemos, nuestra evolución biológica y cultural ha transcurrido en gran parte alrededor de la comida, que se ha vuelto crucial a la hora de formar sociedades y sistemas culturales. Y la variedad y cantidad del menú ha sido siempre tan importante que se volvió un signo de estatus, o señal de decadencia, al grado de que luego de la caída de Roma el comer de forma descontrolada pasó a ser un pecado: la gula.
Si comemos de más, engordamos, pero no necesariamente uno aumenta de peso por comer de más. ¿Qué nos hace ir tras cada bocado? Nuestro cuerpo funciona prácticamente de forma automática: sólo nos "pide" un par de veces al día que hagamos algunas tareas, que le repongamos "combustible", y después él se encarga de seguir. Esas tareas que no puede hacer por sí solo son comer y beber. Pero para ello también se vale de un automatismo: los llamados "sistemas fisiológicos de regulación".
Así, cuando el cuerpo nota que está falto de nutrientes, pone en marcha una respuesta correctiva: el hambre. Estas señales las recibimos antes de que se hayan agotado las reservas. Del mismo modo, antes de que las reservas hayan sido recargadas, nuestro cuerpo nos dice "basta". Son los mecanismos de saciedad, que buscan poner un freno para no dañar el estómago, ya que entre la comida, la digestión y la acción de llenar las reservas suele pasar bastante tiempo.
Un koala no sería tan complicado como nosotros, ya que sólo se alimenta de hojas de eucaliptus, de las que obtiene los nutrientes que necesita. El ser humano, en cambio, se ha adaptado a comer un rango muy amplio de alimentos. Y no hay uno solo que nos aporte todo lo que necesitamos: carbohidratos, grasas, aminoácidos, vitaminas y minerales.
En la actualidad gran parte de los seres humanos no tienen más que dar unos pasos hacia la heladera para buscar comida, pero en el pasado implicaba un trabajo de horas o días. Por eso el cuerpo nos insta a acopiar reservas, que pueden ser de corto y largo plazo. Las de corto plazo se almacenan en el hígado y en los músculos, en la forma de un carbohidrato llamado glucógeno. Son las primeras que se llenan cuando comemos, y también las que se vacían más rápido para alimentar de energía a las células. Pero principalmente están destinadas a que a nuestro cerebro nunca le falte su energía vital.
Las reservas a largo plazo son las infames grasas que tienden a acumularse en el abdomen, las nalgas, las caderas y los muslos. Este tipo de tejido adiposo se encuentra debajo de la piel, y se especializa en absorber nutrientes de la sangre y almacenarlos. Puede crecer muchísimo, al grado de transformar a una persona en obesa. Pero la principal función de estas reservas es mantenernos vivos durante un ayuno prolongado.
¿Por qué come usted? Seguramente responderá que porque le dio hambre. Pero muchas veces no es el único factor que nos lleva a abalanzarnos sobre un plato. Podemos hacerlo por hábito, porque nos lo dice el reloj, por la vista, por el olfato o por el entorno social. Según un estudio de John de Castro y Marie Brewer, de la Universidad de Georgia, Estados Unidos, la cantidad de alimentos que ingerimos se relaciona de manera directa con el número de comensales en la mesa. Por ejemplo, comer rodeado de grupos grandes propicia una ingestión 75 por ciento mayor (en peso) que hacerlo en soledad. También se observó que cuando comemos solos, somos capaces de regular el consumo de alimentos en los diferentes momentos del día, mientras que si hay otras personas presentes esa regulación se atenúa o desaparece.
Un animal que se ha adaptado a la ingesta de un único alimento está condicionado por ese alimento. Si desaparece, su futuro pasa a estar en jaque. Así es como se extinguen muchas especies: están adaptadas a un medio, y cuando ese entorno se modifica, no son capaces de "reajustar" su conducta. En Argentina, por ejemplo, se calcula que hay al menos 26 especies de aves amenazadas por la pérdida de los pastizales que constituyen su hábitat.
Nuestra especie se liberó de la dependencia de un tipo específico de alimento o de medio ambiente. Pero como estamos obligados a comer de todo para conseguir los nutrientes necesarios, hemos evolucionado, a lo largo de dos millones de años, con la facultad de comer en exceso. Nuestro estómago es testigo. Por la mañana tenemos la panza chata, pero basta un generoso almuerzo de trabajo para que que el estómago se agrande y sea capaz de dar cabida a un kilo de alimento.
El célebre antropólogo estadounidense Marvin Harris postuló una razón convincente de los excesos en la mesa: durante la mayor parte del tiempo que los homínidos llevamos sobre este planeta, no fueron los reguladores fisiológicos los que evitaron que comiésemos de más, sino la falta de comida. Nuestro organismo ha evolucionado para ser extraordinariamente eficaz en convertir la comida en energía, y también en almacenar como grasa los excedentes.
Hoy, comer de más es sinónimo de gordura: nuestro cuerpo, preso de un legado biológico ahorrador, almacena todo lo que no necesita de forma inmediata. No eliminar nada es una herencia de los homínidos durante toda nuestra historia anterior a la época industrial. Comer de más estaba regulado por las temporadas cíclicas de hambre que atravesaban nuestros antepasados ante la disminución estacional de sus fuentes de alimentos. Ya fuesen cazadores recolectores o agricultores, siempre sufrían tiempos de escasez.
Para nuestros antepasados, entonces, las comilonas eran una estrategia para almacenar grasas y poder así sobrevivir al siguiente período de hambre. Nuestro organismo y nuestra sociedad humana evolucionaron y se adaptaron a poder dejar de lado los sistemas de saciedad, para acumular en nuestro propio cuerpo.
Pero resultó ser un arma de doble filo. Desde el punto de vista biológico la glotonería es útil, pero la eficiencia con la que el cuerpo acopia para tiempos de escasez se nos ha vuelto en contra en una sociedad altamente sedentaria. Quemamos muy pocas de las calorías que ingerimos. Los alimentos industriales más corrientes son ricos en grasas y tienen muchas calorías, con el agregado de que son baratos y fáciles de hacer. Es el dilema de nuestros tiempos. Como ha dicho José Enrique Campillo, catedrático de Fisiología de la Universidad de Extremadura, "nuestros genes de la Edad de Piedra no soportan la alimentación ni la forma de vida de la Era Espacial"
Nashla Báez
Tesista de la Escuela de Antropología UCV
Pasante del Programa de Cooperación Interfacultades UCV
Co-Fundadora del grupo de Extensión Más Antropología
miércoles, 20 de junio de 2012
Del hambre al apetito: Un largo... "camino largo".
ten moderación en el comer o el beber,
y en la ejercitación del cuerpo.
Por moderación entiendo
lo que no te haga daño”.
Pitágoras. Los versos dorados.
La primera definición del concepto antropológico de cultura es obra del pensamiento científico del antropólogo británico Edward Burnett Tylor(1832-1917)autor del primer libro de antropología general:
“Cultura o civilización, tomadas en su sentido antropológico más extenso, es ese todo complejo que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y las otras capacidades o hábitos adquiridos por el hombre en tanto miembro de la sociedad.” Culture primitive. 1871
domingo, 17 de junio de 2012
México. Una técnica de cultivo prehispánica sin pesticidas llega al mercado
México. Una técnica de cultivo prehispánica sin pesticidas llega al mercado.
In 9-Prehispánico on junio 14, 2012 at 10:13miércoles, 13 de junio de 2012
Rafael Cartay: Simbología del pabellón: El pabellón criollo puede ser visto desde una doble perspectiva en relación con su simbología
Simbología del pabellón, por Rafael Cartay
miércoles, 9 de mayo de 2012
Hallan un horno romano durante las obras del AVE entre Granada y Antequera
Hallan un horno romano durante las obras del AVE entre Granada y Antequera
In 7-Roma, Andalucía on mayo 7, 2012 at 20:15
jueves, 26 de abril de 2012
Descubren en Sudáfrica la “cocina” más antigua de la humanidad
Descubren en Sudáfrica la "cocina" más antigua de la humanidad
jueves, 29 de marzo de 2012
Un estudio confirma el vínculo entre comida rápida y depresión
Un estudio confirma el vínculo entre comida rápida y depresión
Las personas que consumen estos alimentos tienen un 51% más de riesgo de desarrollar este trastorno
El consumo de bollería industrial y comida rápida ha sido relacionado con el diagnóstico médico de la depresión, a partir de los resultados arrojados por una investigación reciente, liderada por científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra. Realizado con casi 9.000 individuos durante seis años, en el estudio se constató que los consumidores de comida rápida presentan, respecto a aquellos con un consumo mínimo o nulo de este tipo de alimentos, un incremento del 51% en el riesgo de desarrollar este trastorno. SINC/T21.
Estos resultados, publicados en la revista Public Health Nutrition, revelan que los consumidores de comida rápida presentan, respecto a aquellos con un consumo mínimo o nulo de este tipo de alimentos, un incremento del 51% en el riesgo de desarrollar depresión.
Además, en el transcurso del estudio se observó una relación dosis–respuesta, es decir, que “cuanta más comida rápida se consume, mayor es el riesgo de depresión”, según ha explicado a SINC Almudena Sánchez-Villegas, primera autora del estudio.
El trabajo expone que los participantes con mayor ingesta de comida rápida y bollería industrial son más propensos a estar solteros, ser menos activos y a tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva. Fumar y trabajar más de 45 horas semanales son otras de las características prevalentes en este grupo.
Con respecto al consumo de bollería, los datos son igualmente concluyentes. En este caso, “incluso pequeños consumos se asocian con un riesgo significativamente mayor de desarrollar depresión”, apunta la investigadora de la universidad canaria.
La muestra del estudio, perteneciente al proyecto Seguimiento Universidad de Navarra (SUN), estuvo constituida por 8.964 individuos que nunca habían sido diagnosticados de depresión ni habían referido consumo de antidepresivos.
Estas personas fueron evaluadas durante una media de seis años, periodo en el que 493 de ellas fueron diagnosticadas de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.
Los datos obtenidos a partir de este análisis corroboran resultados anteriores, arrojados por el proyecto SUN en 2011 y publicados en PLoS One.
En aquella ocasión, fueron analizadas 12.059 personas durante más de seis años, y aparecieron 657 casos nuevos de depresión. Entonces se detectó un incremento del riesgo asociado a la comida basura del 42%, menor que en el trabajo actual.
“Aunque son necesarios más estudios, debería controlarse el consumo de este tipo de alimentos debido a su implicación en la salud tanto física (obesidad, enfermedad cardiovascular) como mental”, concluye Sánchez-Villegas.
Los beneficios de la dieta en la salud mental
La depresión afecta a 121 millones de personas en el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios.
Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión.
Almudena Sánchez-Villegas, Estefanía Toledo, Jokin de Irala, Miguel Ruiz-Canela, Jorge Pla-Vidal and Miguel A Martínez-González. “Fast-food and commercial baked goods consumption and the risk of depression”. Public Health Nutrition: page 1 of 9 doi:10.1017/S1368980011001856
viernes, 23 de marzo de 2012
La historia de la chicha morada
La historia de la chicha morada
Nashla Báez
Tesista de la Escuela de Antropología UCV
Pasante del Programa de Cooperación Interfacultades UCV
Co-Fundadora del grupo de Extensión Más Antropología
miércoles, 14 de marzo de 2012
La Cocina Romana
La cocina romana
Los placeres de la mesa (I)
Javier Ramos
En la elaboración de las comidas, como en toda la vida romana, resultó notable la evolución de las costumbres a lo largo de los siglos.
Antes de que aparecieran en las mesas de los poderosos exóticas viandas procedentes de lugares tan dispares comoGuinea (faisanes),Persia (gallos), India(pavos), Hispania(conejos), Ambracia(corzos), Calcedonia(atunes), Tarento(ostras y almejas), Ática(mejillones) o Dafne(tordos), los romanos no conocieron más que los alimentos básicos que proporcionaba la tierra: cereales, legumbres, hortalizas, leche o huevos.
Cuando los recursos escaseaban, el alimento básico fue el puls durante más de 300 años. Se trataba de una especie de gachas de harina de trigo
Pero la glotonería y el despilfarro de comida en los que incurrieron los romanos de la época imperial no fue siempre así. Cuando los recursos escaseaban, el alimento básico fue el puls durante más de 300 años. Se trataba de una especie degachas de harina de trigo. Este paupérrimo plato derivó, en los tiempos de mayor abundancia, hacia el puls iuliano, que conteníaostras hervidas, sesos y vino especiado.
La dieta romana
La cocina era sana, pero frugal y monótona.
El alimento básico de la sociedad romana era el trigo. En tiempos de Julio César (49-44 antes de Cristo), unos 230.000 romanos se beneficiaban de los repartos de este cereal (annona) con el que se producía la harina y, por consecuencia, el pan.
A su lado, otro alimento destacado en la dieta romana era el vino, aunque la ciencia por conservarlo estaba poco desarrollada. Como se agriaba con facilidad en las ánforas donde se almacenaba, se bebía con especies, o se servía caliente y aguado.
Quienes no se podían permitir grandes dispendios en tiempos de carestíadesayunabansopas de pan y vino. Estas abundaban: defarro, garbanzos y verduras, coles, hojas de olmo, malva, etc.
El romano que podía hacía ungran consumo de leche, de cabra o de oveja. Así como de las aceitunas. La carnemás consumida era la de cerdo, a la que con el tiempo se le fueron sumando las debuey, cordero, oveja, cabra, ciervo, gamo y gacela. Incluso la de perro.
La dieta del romano durante la República apenas alcanzaba las 3.000 calorías, de las que al menos 2.000 procedían del trigo. Los ricos se aficionaban al consumo de carne condimentada con una serie de productos que iban determinando las características de la futura gran cocina imperial: pimienta, miel, coriandro, ortiga, menta y salvia.
Los romanos comían tres o cuatro veces al día:
- desayuno (ientaculum),
- almuerzo (prandium),
- merienda (merenda) y
- cena (cena)
Esta última era la más importante. Se hacía en familia, al final de la jornada. Uno de sus mayores placeres era una buena conversación en torno a la mesa. De la cena diaria a base de lechuga, huevos duros, puerros, gachas y judías con tocino se pasaba a una sofisticada cena de convite con invitados dividida en tres partes:
- el gustus o aperitivo para abrir el apetito (melón, atún, trufas, ostras,…),
- la prima mesa (cabrito, pollo, jamón, marisco, ….) que era el plato fuerte, y
- la secunda mesa, los postres.
La comida en la época Imperial
Bocados de lujo eran el loro y el flamenco. Se evitaban las carnes de ibis y cigüeña porque devoraban serpientes, y la de golondrina, que comía mosquitos.
En la época imperial nadie ponía coto a la gula ni al derroche en la mesa: pollos, gallinas y ocas se engordaban con harina hervida y aguamiel o con pan empapado en vino dulce.
El pescado más apreciado fue el salmonete. Los pobres que no podían aspirar a las especies de mar o a las procedentes de los bulliciosos vivideros se consolaban con degustar las morrallas en salmuera (maenae).
Los ricos comían mucho en casas de amigos, en los banquetes. Los pobres, por el contrario, a menudo lo hacían en la calle puesto que no siempre disponían de fogones ni pucheros en los que cocinar. Las algarrobas y los altramuces formaban parte de su dieta.
La plebe solo accedió al consumo de carne en la época de Aureliano (siglo III), cuando se repartía gratis. Era de burro. La carne de buey se reservaba para la mesa de los pudientes.
A modo de curiosidad, la llamada moretum, cuyos principales ingredientes eran queso de oveja, apio y cebolla, era la primera comida que hacían los recién casados.
Artículo relacionado: La vida cotidiana en Roma. Exposición Romanorum vita
Bibliografía:
-La vida en la antigua Roma; Harold W. Johnston.
-Roma de los Césares; Juan Eslava Galán.
-Así vivían los romanos; J. Espinós, P. Marià, D. Sánchez y M. Vilar.
Nashla Báez
Tesista de la Escuela de Antropología UCV
Pasante del Programa de Cooperación Interfacultades UCV
Co-Fundadora del grupo de Extensión Más Antropología
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CRONOLOGIA DE UNA MASACRE: Prensa Venezolana
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