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domingo, 6 de mayo de 2012

Erik Pozo-Buleje: "Vargas Llosa, la doxa del concepto de cultura": ¿Qué es, pues, la cultura? - El concepto de cultura en la actualidad parece haber caído en la completa indeterminación.

Vargas Llosa, la doxa del concepto de cultura
Publicado el  02/05/2012


  Por Erik Pozo-Buleje
Antropólogo PUCP
En: Noticas Ser.PE

El concepto de cultura en la actualidad parece haber caído en la completa indeterminación. ¿Qué es, pues, la cultura? Si nadie lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo al que me pregunta, no lo sé. Parece justo hacer eco de la sentencia que San Agustín de Hipona hiciera sobre el tiempo (que es otra de las categorías olvidadas en la actualidad). Hubo un tiempo, no obstante, en el que la categoría de cultura era objeto se reflexión sistemática y hasta objeto de estudio: era la antropología la disciplina científica que se ocupaba de ella. En el panorama antropológico hacia fines del siglo XIX esta categoría era definida por Edward B. Tylor (1977) como un todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbre y cualquier otra capacidad y hábito adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. Desde entonces las definiciones de cultura se han multiplicado al punto que hacia mediados del silgo XX Kroeber y Kluckhon (1952) identificaron y clasificaron 171 definiciones. Con Clifford Geertz ([1973] 2005) asistimos  muy probablemente al último esfuerzo sistemático de definición. Después de esto los antropólogos hemos abandonado la categoría cultura y nos hemos concentrado en otras como identidad, etnicidad, etc. 


Frente a este abandono emerge un libro lamentable y al mismo tiempo ilustrativo: "La civilización del espectáculo" (2012) de Mario Vargas Llosa. No tengo duda de que Vargas Llosa es un buen escritor, sobre todo esto se puede notar en sus primeras novelas (definitivamente no en "El sueño del celta"); pero nada más. En "La civilización del espectáculo", nuestro Nobel acusa a sociólogos y antropólogos de haber dado cultura a quienes no la tienen, es decir, dar estatus de cultura a la cultura popular. Hemos, dice Vargas Llosa, hecho cultura de la in-cultura. Digo que su texto es lamentable no porque vaya en contra de los científicos sociales, pues nosotros y más concretamente los antropólogos, como dije, somos responsables indirectos de tan terrible texto; es lamentable en el sentido de que muchos leerán su ensayo y darán por cierta su definición de cultura que es en buena cuenta la cultura entendida como bellas artes: opera, teatro, literatura, etc. ¿Debemos culpar a Vargas Llosa por entender así la categoría de cultura? No lo creo, pues ¿no es esta la definición lo que el promedio de gentes tiene en la cabeza? Piénsese en el Ministerio de Cultura ¿no es acaso en realidad un ministerio de las bellas artes? Mi argumento es que Vargas Llosa no hace más que dar su prestigio de escritor y de novel de literatura a la doxa del concepto de cultura. En esto radica que su texto sea también ilustrativo: ejemplifica lo que de común aceptamos por cultura, es decir, las bellas artes. Así, "La civilización del espectáculo" es lamentable porque reafirmará en el imaginario promedio de los lectores a la cultura como bellas artes (hasta habrá lectores se sentirán culpables de no ser "cultos" como Vargas Llosa) e ilustrativo porque es un buen ejemplo del conocimiento dóxico que tenemos sobre la cultura.
Si Mario Vargas Llosa no es más que un divulgador prestigioso de un conocimiento dóxico, ¿qué entender por cultura? Aquí plantearé, por razones de espacio, una definición inevitablemente esquemática. Dije que muy probablemente Clifford Geertz fue el último antropólogo en definir sistemáticamente la categoría de cultura por ello vale la pena comenzar con él la discusión y nuestra propuesta de definición.
El punto de partida de Geertz es la semiótica: la cultura es, según indica, un entramado de significaciones que el propio hombre ha creado y en el que está inserto. En este sentido, el antropólogo no busca leyes sino significaciones. La cultura es, pues, un «sistema en interacción de signos interpretables […], la cultura no es una entidad, algo a lo que pueden atribuirse de manera causal acontecimientos sociales, modos de conducta, instituciones o procesos sociales; la cultura es un contexto dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera inteligible, es decir, densa» ([1973] 2005, p. 27).
Esta definición es correcta pero incompleta. La razón es simple: un sistema implica un conjunto de procedimientos o acciones delimitados, todo aquello que no esté implicado en el sistema será significado como una perturbación. Hay sistema –de  significación o de lo que fuera– porque hay un límite. O sea que este límite es dos cosas al mismo tiempo: condición de existencia del sistema y frontera de elementos excluidos del mismo. De manera que se trata de una frontera que es constituida y a la vez constituyente.
Para graficar lo que acabo de decir pensemos en el cuento Funes el memorioso (1) de Jorge Luis Borges. Ireneo Funes, el muchacho uruguayo de 19 años que tiene una memoria prodigiosa consecuencia de un accidente, puede recordar lo que hizo en un día con tal exactitud que contarlo le tomaría un día entero. Para Funes cada palabra tiene un signo en particular al extremo que le acusaba molestia que el perro que vio de perfil a las tres con catorce minutos tuviera el mismo nombre que el mismo perro observado de frente a las tres y quince. Funes era, pues, incapaz de formular signos generales y abstractos, o dicho de otro, Funes no podía poner límites a la trama de significaciones que ha creado de tal manera que no podía construir un sistema de signos articulados.
Así, la definición de cultura de Geertz es para una «sociedad Funes». ¿En qué momento la trama de significaciones en la que está inserto el hombre y que él mismo ha creado se convierte en un sistema? Mi respuesta es la siguiente: cuando establece un límite, y establecer un límite significa no solo saber cuál es ese límite, sino además ver lo que está más allá de la frontera limitante: hay que significar lo que está más allá del límite ya sea como perturbaciones, como salvajes, etc. De manera que es siempre necesario un Otro (lo externo al sistema) para hacer del Nosotros un sistema significativo coherente, articulado y susceptible de generalizaciones.
El Nosotros debe generar un discurso sobre el Otro. Toda sociedad que pretenda ser tal, formula un discurso sobre los otros y es siempre un discurso que sitúa al Nosotros en una posición hegemónica o que por lo menos se pretende hegemonizante. No existe un Nosotros que postule al Otro sino de manera subalterna.
Hemos dicho que el discurso sobre el Otro que establece el Nosotros debe o tiende a ser hegemónico y si esto es así, de lo que estamos hablando es de una relación Nosotros/Otro en medio de un conjuntos de relaciones de poder. Los antropólogos hemos pensado a la cultura como un terreno aséptico, pero hay que asumirlo siempre como un campo de batalla. En efecto, qué es el binomio Nosotros/Otro sino el producto de unas relaciones poder que se manifiestas y ponen en marcha en los sistemas culturales de forma cotidiana, unas veces explícita y otras implícitamente.
Lo cultural, desde esta perspectiva, no es lo mismo que la cultura, por lo primero entiendo un conjunto de cuatro elementos que tiene estatus ontológico: 1) el binomio Nosotros/Otro, 2) el discurso, 3) el poder y 4) el hegemón. Ninguno de estos elementos debe ser tomado de forma independiente ni como la simple suma de las partes: todo sistema es algo más –y algo menos– que la simple suma de sus elementos constitutivos; pues, por un lado la interacción de esos cuatro elementos genera y hace emerger nuevas propiedades que no pueden atribuirse a ninguno de ellos; y por otra parte, se reprimen o inhiben algunas de sus propiedades intrínsecas. Tampoco se los debe de tomar como bloques monolíticos; por ejemplo dentro del Nosotros hay pluralidad porque en realidad es una pura otredad cuya delimitación permitió la emergencia del prefijo "Nos", es decir, el Nosotros es en siempre un Nos-Otros. Así mismo, tampoco el hegemón es diamantino pues dentro de él se albergan hegemonías diversas, pero lo que da consistencia a estas hegemonías en el hegemón. No es lo mismo dar consistencia que determinar: la homeostasis que permite el hegemón no debe llevarnos a suponer que su condición sea infraestructural.
Ahora bien, toda manifestación positiva –en sentido filosófico del término– de lo cultural será lo que normalmente llamamos la cultura, dicho en otros términos, la cultura es la manifestación óntica de lo cultural. Así, la cultura sería, efectivamente, todo lo que el hombre hace dentro de sus sistema de significación –Edward B. Taylor, al final, acertó parcialmente en su definición– que está constituida ontológicamente por los cuatro elementos de lo cultural
Todo lo dicho merece un desarrollo mucho más sistemático, falta explicar, por ejemplo, la razón de por qué estos elementos son ontológicos y por qué solo cuatro elementos y no otros más. Aquí solo hemos expuesto esquemáticamente las ideas principales de una construcción teórica que está en proceso. No obstante, lo dicho sirve ya para mostrar que Vargas Llosa al hablar de la civilización como espectáculo en realidad está haciendo referencia a una configuración óntica de la cultura que ha moldeado el hegemón de la economía de mercado global contemporánea, es decir, cuando nuestro Nobel dice que es el mandato contemporáneo es la frivolidad de las acciones, esto no es así por el acto perverso de personas concretas que sean en efecto frívolas, sino que es el oxígeno social que la economía de mercado global actual necesita para operar. De manera que el libre mercado que tan apasionadamente defiende Vargas Llosa es el generador del actual oxígeno social frívolo en el que marchamos y que él rechaza. Mario Vargas Llosa rechaza, pues, al monstruo cultural que ha creado el modelo económico que él defiende.
Nota:

Carolina Barreiro
Presidente de +ANTROPOLOGÍA
Grupo de Extensión Universitaria
Antropólogo en Proceso de Formación - Antropología UCV
 Twitter: (@MCBarreiro) (@MasAntropologia)


"El medio más fácil para ser engañado
es creerse más listo que los demás." 

Francois de La Rochefoucauld

1 comentario:

abel carlos dijo...

"Le concept de culture auquel j'adhère, et dont les articles ci-dessous tentent de démontrer l'utilité, est essentiellement sémiotique. Croyant, comme Max Weber, que l'homme est un animal pris dans les réseaux de signifiance qu'il a lui-même tissés, je considère la culture assimilable à une toile d'araignée, et par suite son analyse comme relevant non d'une science expérimentale en quête de loi, mais d'une science interprétative en quête de sens. C'est l'explication que je recherche, l'interprétation des expressions sociales dans leur apparence énigmatique. Mais cette déclaration -toute une doctrine contenue dans une clause- appelle elle-même une explication"". G. L. D. D.

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