"La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación"

La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación
Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política. Levi Strauss


domingo, 3 de junio de 2012

Un coctel venenoso

EL NACIONAL - Domingo 03 de Junio de 2012
 Un coctel venenoso



TULIO HERNÁNDEZ
hernandezmontenegro@cantv.net


L a escena es degradante. Expresión del triunfo de las conductas delictivas en una comunidad que ha terminado aceptando lo patológico como hecho normal.

Me tropecé con ella el pasado martes 29 de mayo cuando intentaba entrar en el siempre venerado campus de la Universidad Central de Venezuela para asistir a una reunión de trabajo.

De lejos parecían grandes animales agonizantes. De rodillas. Con la cabeza a gachas.

Pero en realidad eran seis o siete autobuses a los que un grupo de obreros iracundos habían decidido acuchillar sus cauchos delanteros para que, al desinflarse, nadie pudiese moverlos del lugar y paralizar así el tránsito por la casa de estudios.


El atasco era infernal. Cuando pregunté qué pasaba, un hombre joven con dos conos rojos y una cuerda improvisada que controlaba el paso hacia el lugar, me dijo: "Es una protesta porque a los obreros les deben sus uniformes". Quise preguntarle algo así como: "¿Y no tienen otra manera de reclamar sus derechos? ¿Porque les deben sus uniformes destruyen los bienes de la universidad, alteran el orden interno e impiden la actividad libre de miles de personas? Además, ni siquiera se quedan en el sitio explicando las causas de la protesta, ¿le parece lógico señor?".

Pero me contuve, porque entendí que si guardaba silencio el portero de esta calle paralizada me dejaría estacionar unos metros atrás de los autobuses agredidos para llegar a tiempo a la reunión. Y así fue. Entonces presencié una escena peor. Un hombre de edad mediana levantaba un pequeño automóvil europeo para cambiarle los cuatro cauchos desinflados, como los delanteros de los autobuses. Le pregunté qué pasó y dijo: "Que una profesora intentó pasar en medio de los autobuses y los obreros que reclaman unos uniformes lo consideraron un irrespeto... y le desinflaron los cauchos".

Más tarde alguien me explicó que otros obreros exaltados le habían cortado los teléfonos y el servicio eléctrico a la sede del rectorado. Y al día siguiente, por Twitter, vi las fotografías de los daños que los mismos manifestantes habían causado a los equipos de comunicaciones de la sede de posgrados en Los Chaguaramos, adonde se había tenido que ir a reunir el Consejo Universitario para tratar de eludir las agresiones.

Cuando salí de la Ciudad Universitaria con el ánimo apaleado comprendí que no era tanto la violencia de aquellos actos lo que me impactaba, sino el tono resignado, apaciguado, natural de todas las explicaciones sobre las acciones vandálicas como si no fueran actos delictivos, violaciones de la convivencia, atropellos del sentido mínimo de respeto que debe existir en un centro de la ciencia, el arte y el saber.

Y revisando hacia atrás los largos años en que trabajé como investigador y docente en esta casa de estudios concluí que aunque parecieran gestos chavistas, como a los que nos tienen acostumbrados las hordas violentas tipo M28, en realidad estas prácticas se corresponden con una patología previa que la UCV, y me imagino que otras de las grandes universidades autónomas también, fue cultivando por largos años hasta constituir una especie de ADN transmitido de generación en generación.

Se trata de una combinación deletérea resultante de la mezcla entre, primero, el igualitarismo comunista ­predicado por largos años de sindicalismo clientelar­; segundo, la resignación populista de autoridades y directivos de facultades, escuelas e institutos ­que por décadas aceptaron todo tipo de chantajes y presiones para mantener la "ilusión de armonía" con empleados y obreros­; tercero, la viveza criolla ­el añadido que terminó de formar un peculiar tipo de clase obrera que tiene derechos pero muy pocos deberes­; y cuarto, el efectismo violento como práctica de imposición política naturalizada por largos años de ejercicio del secuestro de autoridades, tomas de oficinas, quemas de automóviles, uso de armas de fuego y bombas lacrimógenas, apedreos con la policía o robos de equipos que han poblado el paisaje ucevista desde los años ochenta, cuando la política a rostro abierto fue sustituida por las capuchas del ocultamiento.

Además de confrontarlo hasta el diálogo, vale la pena estudiar el fenómeno. Allí podría estar el ADN del extravío bolivariano.

--
Nashla Báez
Tesista de la Escuela de Antropología UCV
Pasante del Programa de Cooperación Interfacultades UCV
Co-Fundadora del grupo de Extensión Más Antropología
Twitter:  @NashlaBaez
            @PCI_UCV
            @MasAntropologia
            @TripeateCcs
Skype: nashlabaez


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