"La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación"

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Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política. Levi Strauss


sábado, 1 de octubre de 2011

Internet, google y el cerebro humano

Internet, google y el cerebro humano

He aquí uno de los temas preferidos de los estudiosos norteamericanos de muy distinto signo, el de los efectos cognitivos o cognoscitivos de los nuevos medios de comunicación y, en especial, de algunas de sus herramientas, sobre todo de Google. El debate lo retomó este verano Peter Murray en singularityhub en los siguientes términos (más o menos):


Dice Murray que la discusión ha recibido recientemente una saludable dosis de datos científicos, citando en particular un informe previo de Universidad de Columbia sobre cómo nuestra dependencia de Google a la hora de buscar  información ha cambiado nuestra forma de pensar.

El estudio recoge una serie de experimentos que constatan la cantidad de personas que, en lugar de recurrir a su memoria,  dependen de la información fácilmente disponible. En un primer experimento, a unos estudiantes se les pedía que indicaran si unos enunciados eran verdaderos o falsos tras haberles presentado una serie de palabras coloreadas y tener que enlazar cada palabra con su color. Por lo general, los tiempos de reacción para esta tarea son más lentos si la palabra se relaciona con lo que la persona está pensando -si la pregunta remite a un avestruz, vincular “pájaro” con su color supondría más tiempo que hacer lo propio con una  “escalera”, por ejemplo. Curiosamente, se encontraron con que los tiempos de reacción para las palabras relacionadas con Internet, tales como “Google” o “Yahoo”, tiene tiempos más lentos de reacción, lo que indica que los estudiantes estaban pensando en buscar las respuestas en línea. Cuando se nos presenta cualquier cuestión de hecho, usar Google es ahora un instinto humano.


La siguiente serie de experimentos demostraron que la memoria de los estudiantes se resentía si se les decía que todo lo que aprendieran se guardaría en el ordenador, como si se resistieran a “guardar” los datos en su propia memoria  si ya se almacenaban en la de la computadora. Pero entonces sucedió algo interesante. A pesar de que no podían recordar los hechos, recordaban muy bien las carpetas del ordenador en las que habían guardado los hechos. Betsy Sparrow, autora principal del estudio, lo resumió diciendo que los estudiantes “eran mejores recordando dónde se almacenaba la información que recordando la información en sí”.

Roddy Roediger, psicólogo de la Universidad de Washington en St. Louis, dijo en un comentario al estudio , “… no hay duda de que nuestras estrategias en el aprendizaje están cambiando. ¿Por qué recordar algo si sé que puedo verlo de nuevo? En cierto sentido, con Google y con otros motores de búsqueda podemos ceder a las máquinas algunas de nuestras demandas de memoria”.

Descargar … memoria … las máquinas. Suena a ciencia ficción, excepto que no es ficción. Que es real. Hoy en día vivimos en un mundo donde los ciudadanos tienen acceso y están expuestos a una cantidad asombrosa de información. Flujos de información nos bombardean desde todas las direcciones: …. Y todo lo que echamos de menos lo podemos capturar con nuestros teléfonos inteligentes mientras comemos. Este aluvión informativo sin precedentes presenta varios retos: decidir qué información es relevante, cuál es fiable y cuándo decir basta. Algunos expertos han apuntado a Internet como el principio del fin de la reflexión cualitativa. Incluso antes de Internet, el  novelista Michael Crichton se refirió a la era de la información como edad de la desinformación. Más recientemente -y con mayor énfasis-  el periodista Nicholas Carr parece haber dedicado su vida a difundir el evangelio del mal de Internet. Su último libro, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, fue finalista del Premio Pulitzer. (…) Hay otras personas que no son tan ligeras a la hora de etiquetar a la nueva generación. El año pasado, el neurocientífico cognitivo Steven Pinker, de la Universidad de Harvard,  escribió un artículo en el New York Times que aludía al creciente pánico por el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, inducido por internet. Su mensaje básico era el de relajarse, porque hemos escuchado todo esto antes: “La imprenta, los periódicos, los libros de bolsillo y la televisión fueron todos a su vez denunciados como amenazas a la capacidad intelectual de sus consumidores y a su fibra moral”.  Un desacuerdo fundamental entre Pinker y Carr es el de la maleabilidad del cerebro. Aunque Carr escribe que “el cerebro humano es casi infinitamente maleable”, Pinker indica, casi como respuesta, que “los críticos de los nuevos medios a veces usan la misma ciencia en favor de su caso, citando una investigación que muestra cómo la experiencia puede cambiar el cerebro. Pero los neurocientíficos cognitivos ponen los ojos en tal conversación. Sí, cada vez que aprendemos un hecho o habilidad, el cableado del cerebro cambia, no es como si la información se almacenara en el páncreas. Pero la existencia de la plasticidad neuronal no significa que el cerebro sea una masa de arcilla moldeada por la experiencia”. Basta con decir que” la experiencia no rehace las capacidades del cerebro para el procesamiento de la información básica”.

Tal vez te sorprenda saber que el coeficiente intelectual de la raza humana está aumentando con el tiempo. Somos cada vez más inteligentes a pesar de las nuevas y perniciosas distracciones: MTV, juegos de video, Twitter, Facebook, buscar en Google … Pinker admite, sin embargo, que debido a que tenemos Twitter, Facebook y el mundo en la mano a través de Google, hay un impulso allí donde antes no existía. Al igual que los estudiantes que instintivamente querían estar conectados cuando se les preguntaba acerca de un avestruz, llevamos nuestras preguntas al gran oráculo que todo lo sabe, Google oráculo. ¿Y eso es algo malo? Yo digo que no, concluye Peter Murray. Sí, nuestras estrategias cognitivas estan cambiando, pero yo digo que es algo bueno. Está claro cómo la tecnología cambia nuestra vida física, menos claro está cómo cambia nuestra vida mental. ¿Cuándo fue la última vez que memorizamos un número de teléfono? Cuanto más se pueda descargar nuestro trabajo cognitivo en los equipos, tanto mejor. Es lo que el neurocientífico Rodolfo Llinás señalaba al indicar que la conciencia humana se extiende a los ordenadores. Asimov predijo que los ordenadores un día nos liberarían de lo trivial,  de los número de teléfono como  hechos, y dejarían la mente libre para ejercer su función más elevada: la creatividad.

Será interesante ver lo qué otras peculiaridades cognitivas inducidas por la tecnología revelan estudios como el de Columbia. Yo, por ejemplo, lo aguardaré con expectación, sin temor. Ahora que lo pienso, a lo mejor ya ha salido algo nuevo. Voy a comprobarlo en Twitter!


FUENTE: Blog clionauta.wordpress.com- Archivo septiembre 2011- Posted by Anaclet Pons en septiembre 28, 2011


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